Una mirada al pasado

Sep 25, 2026

A raíz de la última píldora de arte que he impartido en el Club de Azul de Acre sobre un archivo fotográfico histórico, he pensado en compartir una de esas cosas que a mí me encantan y que creo que te van a interesar.

Si estás leyendo esto algo de afinidad con los museos tienes. Es posible que acudas asiduamente y que formen parte de tus itinerarios cuando viajas. También es posible que a veces vayas un poco en piloto automático o que no te hayas parado a pensar antes acerca de qué es en realidad un museo y si la gente que los visitaba en el pasado vivía una experiencia similar a la tuya.

Ahora nos hemos acostumbrado a salas amplias con buen espacio entre obras, cartelas explicativas, la maravilla de la iluminación homogénea moderna… pero eso tiene que ver con criterios relativamente recientes. Así que, ¿por qué no me acompañas en un viaje al pasado para asomarnos a ver cómo eran los museos hace mucho tiempo?

 

Vista de la Galerie d'Apollon, Musée du Louvre. hacia 1880. Museo del Louvre.

 

La Galería de Apolo es uno de los espacios más emblemáticos del Louvre. Ejemplo de los proyectos de tiempos de Luis XIV, la elección del dios clásico concuerda con el emblema elegido por el monarca (Rey Sol). La galería no llegó a terminarse hasta el siglo XIX, cuando el Louvre ya funcionaba como Museo. En la imagen podéis ver cómo las mesas y vitrinas que contenían tesoros de las colecciones francesas se diseñaron para acompañar el estilo barroco de la decoración general. La galería se ha vuelto tristemente mediática por ser víctima de uno de los robos de joyas históricas y piezas preciosas que asolan los museos (y por exponer fallos en el sistema de seguridad).

 

Sala V: vasos Griegos, Etruscos e Italogriegos (1895-1936). Archivo Moreno. Gelatinobromuro de plata. Museo Arqueológico Nacional.

 

Uno de los elementos que suelen estar presentes en los museos arqueológicos en la actualidad es el aislamiento de piezas y la inclusión de cartelas y otros recursos explicativos que permiten al gran público comprender cuestiones como el contexto, proceso de fabricación, importancia… Sin embargo, la manera de presentar las colecciones en el siglo XIX y hasta bien entrado el XX nada tenía que ver con esto. Las vitrinas de los museos te permitían estudiar las piezas (si sabías lo que estabas buscando) y compararlas con otras afines que estaban situadas junto a la que te interesaba. Por ello, los armarios y expositores estaban PLAGADOS de ejemplos.  El museo era por tanto un espacio mucho más pensado para la persona erudita que para el público general.

No te pierdas aquí también el diseño del mobiliario expositor de esta sala del Museo Arqueológico Nacional. Asoma un templete en el centro de la imagen que merece la pena contemplar, más allá de lo que contenga

 

Vista desde la Sala 11, 1936. National Gallery of Ireland

 

 

Aunque recientemente está cambiando y no siempre ocurre, es muy posible que cuando te acercas a una pinacoteca te hayas acostumbrado a salas con una pared de un color muy neutro y una única línea de obras expuesta, con bastante separación entre sí. Esto se hace a base de seleccionar mucho qué pequeña fracción de los fondos vas a exhibir. En el pasado se buscaba prácticamente lo opuesto. Si tenías 20, mejor poner 20 aunque estuvieran un poco apretados. Seguimos aquí una idea similar a la que veíamos con la imagen del Museo Arqueológico Nacional. Agrupamos similares (lo que se denominaba “escuela”) y colocamos las que podemos para que quien visita las salas pueda estudiar los fondos.

Además, eso de las paredes muy claritas o blancas era algo que no se estilaba ¡EN ABSOLUTO! Los intensos colores rojos, azules o verdes de papel pintado o tejido, con sus brocados y motivos intrincados eran el telón de fondo deseado para las piezas, a través del contraste con los marcos dorados. Hoy puedes encontrar espacios así en galerías históricas. Además, la idea del “cubo blanco” que reinó a finales del siglo XX y principios del XXI está siendo puesta en cuestión y muchos espacios están apostando por otras maneras de exponer.

 

 

British Museum. The Reading Room in around 1924. Photo: Donald Macbeth.

 

Las imágenes del pasado nos acercan también a espacios que no existen o han sido modificados. Antes de que el British Museum y la British Library fueran dos entidades separadas, formaban parte de la misma institución. A mediados del siglo XIX, debido al crecimiento de los fondos y de las necesidades de espacio para quienes trabajaban e investigaban con los fondos, surgió la necesidad de crear una gran sala de lectura que permitiera albergar fondos y espacio para la consulta y estudio de los mismos. Así nació su famosa rotonda, una obra modernísima en su tiempo gracias a su estructura metálica. Cuando el Museo y la Biblioteca se separaron, se construyó un complejo para esta última, por lo que la sala de lectura se acabó convirtiendo en espacio para exposiciones como parte de la gran reforma llevada a cabo en el cambio de siglo (XX a XXI) por el estudio de Norman Foster. 

 

Vista de la Galería Inglesa que exhibe esculturas y pinturas en la Exposición Universal de 1855 en París. Museo J. Paul Getty

 

 

Si antes te contaba con una imagen de la Galería Nacional de Irlanda acerca de la superposición de filas de obras, los ejemplos con más horror vacui los podemos encontrar en casos como el que ves, de las Exposiciones Universales (en este caso la de 1855 en París). Aquí la ansiedad por mostrar todo lo que se pudiera venía acuciada por ser un evento finito, que estaba en marcha por tiempo limitado, y la expectativa de público internacional. Había entonces que sacar pecho, es decir, meter lo que pudieras “a cascoporro”. Como puedes observar en la imagen superior, las paredes se convierten en un tablero de tetris, en el que se aprovechan los huecos entre las obras más grandes o con formatos dispares para ir colocando las más pequeñas. Y en el centro, las esculturas. ¿Que apenas te quedaba espacio para avanzar por la sala? Eso era ya otro tema.

 

Museo del Prado, vista de la Sala de la Reina Isabel II. J. Laurent (fotógrafo) Nicolás Portugal (editor). Hacia 1879. (copia de comienzos del XX). Museo del Prado.

 

Quería finalizar con una imagen que aúna varias de las cuestiones de las que hemos hablado aquí. Esto es una vista del Museo del Prado de Madrid, en la que se ve su sala más emblemática, tal y como se mostró en el catálogo de 1879.

Es normal que no te suene EN ABSOLUTO, porque estás viendo un espacio que no existe como tal en la actualidad. Nos encontramos en la tribuna del espacio central del Museo, que se había diseñado como Sala de Juntas cuando aquí se iba a alojar el Gabinete de Historia Natural y la Academia de Ciencias. Pero si extiendes el suelo por toda la estancia para tapar la abertura central, te encontrarás en la hoy la sala 12, la que alberga al fondo Las Meninas de Velázquez.

En la imagen puedes ver acumulación de obras pictóricas en las paredes, pero aquí no están ordenadas por escuelas, sino que responden a una selección de “obras de maestros” ideada por José de Madrazo unos años antes. Además, al asomarte a la tribuna podías contemplar desde lo alto una selección de piezas escultóricas que parecen aunar también ejemplos de diferentes épocas.

Te confieso que aunque me encanta la sala 12 en la actualidad, esta idea de la tribuna es algo que me hubiera gustado conocer también.

Espero que esta mirada al pasado te haya resultado entretenida. No pretende ser nada exhaustivo, ya que hay ejemplos para aburrir, pero que al menos te sirva como una forma de contemplar las salas de los museos con una mirada que va más allá de lo inmediato y que puede preguntarse acerca de las decisiones que se toman acerca de cómo se exhiben las piezas.

Nos leemos pronto.

Cuídate mucho,

Ángela.

 

P.D. Si te gusta aprender sobre museos y su historia, en el Club de Azul de Acre tengo varias sesiones dedicadas a ello. 

 

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